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En estas jornadas se reflexionará sobre el cambio de paradigma científico que implica la puesta en marcha de algunas de las recomendaciones de la IAASTD y el papel que puede y debe jugar el mundo académico en la SbA de los pueblos. Se debatirán casos prácticos realizados en universidades y centros de investigación europeos y africanos y se dará un espacio para la presentación de otros casos prácticos en formato poster.
La Soberanía Alimentaria (SbA) es una propuesta surgida del movimiento campesino internacional La Vía Campesina que reclama el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas agrarias y alimentarias. Es también el derecho de los campesinos y campesinas a producir alimentos y el derecho de los consumidores y consumidoras a poder decidir lo que quieren consumir y, cómo y quién se lo produce. Un objetivo fundamental de la SbA es poder alcanzar el derecho a la alimentación. El relator de las naciones unidas para el derecho a la alimentación reconoce que la SbA ofrece elementos que permitirían reducir el hambre y la pobreza en el medio rural. Si desde la academia se quiere aportar a combatir la desigualdad y el hambre y la pobreza rurales, cabría analizar los elementos que surgen de la propuesta de la SbA como la única alternativa que hasta hoy surge desde los propios movimientos campesinos.
Por otro lado, en el año 2009 se publicaron las conclusiones de la Evaluación Internacional del papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo (IAASTD). La IAASTD fue una iniciativa de la FAO y el BM cuyo objetivo fundamental era analizar el papel que el conocimiento puede tener en la reducción del hambre y la pobreza, mejora de los medios de subsistencia en las zonas rurales y de la salud humana, y promoción de un desarrollo equitativo y sostenible desde el punto de vista social, ambiental y económico. La IAASTD advierte que para elaborar políticas eficaces es fundamental reconocer que existen narrativas bien fundadas y en pugna, si no contrapuestas, de los enfoques de la ciencia y la tecnología en relación a los objetivos de la propia evaluación. Así mismo reconoce que las inversiones en ciencia y tecnología agraria (CCTA) producen impactos ambientales, sociales, culturales y en la salud. Por ello, para tratar de eliminar una serie de inequidades socioeconómicas persistentes es necesario reorientar la generación y aplicación de la CCTA “que incluya la participación plena, abierta y transparente de todos los interesados, (…)”. Entre sus recomendaciones destacan la inclusión de otros enfoques científicos, como los aportados desde las ciencias sociales; y de otros conocimientos, como el informal (indígena); adoptar estrategias agroecológicas; crear mejores oportunidades para los productores y trabajadores rurales o reforzar el papel de las mujeres.
Poner en marcha las recomendaciones de la IAASTD en el ámbito científico permitiría desde las universidades y centros de investigación aportar conocimiento para alcanzar la SbA que se reclama desde el campesinado. Sin embargo, implica un cambio de paradigma importante sobre cómo se genera conocimiento, quién lo genera y los cauces de participación y colaboración entre las personas participantes en la generación e intercambio del conocimiento.